lunes, 12 de enero de 2009

Miedo

¿Y qué vamos a inventar si está todo inventado? ¿Qué vamos a escribir si ya escribieron de todo? La araña que no se queda quieta, la radio que no deja de decir pavadas, el pie frío y húmedo, la tele apagada, el monitor caliente, las lucecitas del modem tintineando anunciando una conexión de porquería. ¿Qué vamos a hacer ahora? Que son vacaciones y no tenemos nada qué hacer, que escuchamos música de los ochenta porque la de ahora no la bancamos y si la bancamos es porque nadie más la escucha.


Quiero regar el fondo y no puedo porque la manguera se desconecta a cada rato y está todo seco porque no llueve hace semanas, semanas y días, podría llegar hasta meses. Todo seco, como las calles, como las casas, como las cabezas. No hay una mierda en estos pagos, sólo personas. Personas con cabezas, con pies, con manos, con cuerpos que, sin embargo, reptan, reptan por las calles, por las plazas, por las veredas. Tratan de encontrar una salida a sus encaminadas vidas. Tratan de ocultarse del sol, pero no tanto porque lo necesitan para mantenerse calientes. Tratan de evitar el agua, aunque eso ya no es problema porque nunca llueve. Y cuando llueve, escapan a sus cuevas elevadas olvidando lo cuanto la necesitan para vivir. Sólo piden lluvia cuando el calor es insoportable y bajo esa creencia de que el agua trae el fresco. Si no fuera por eso más nadie pediría la lluvia de nuevo por acá; tal vez porque no la creen vital para la vida. ¡Ironía!


Y al fin, los pies a fuera de los zapatos ¡Al fin! Mientras sigue la radio de fondo y la pantalla ilumina mi rostro, pero no pasa nada. Allá a fuera, a fuera de los zapatos, no pasa nada. Adentro, en cambio, un mundo inmenso de bichos de todas clases y variados tamaños merodea entre la mugre y las partículas de nada; se plantea el comienzo de una nueva civilización, mucho más alegre, mucho más desorganizada, mucho menos civilizada. Y para el gran comienzo, el estallido del zapato en mil pedazos de distintos colores, regando de microbichos toda la habitación y luego escapando por la ventana, atacando el patio, después el jardín, después la casa de los vecinos y todo, todo lo que nos rodea hasta la vía de la otra calle y más allá. Entonces la lluvia cubriría todo para alimentar a las nuevas criaturas con sus aguas y los aburridos hombres ahora tendrían para entretenerse con la compleja batalla contra los organismos del zapato húmedo. ¡Vaya batalla!


Pero el teléfono suena y no importa cuantas vueltas dé la araña negra a la tela debajo del Ceibo en el fondo de casa, la lluvia no cae, el calor sigue, las personas sigues arrastrándose por un pedazo de dólar y David Bowie sigue cantando desde el pequeño parlante sobre la mesada de la computadora por encima del par de zapatos que contiene los miles de pequeños seres insignificantes. Más al fin de las vueltas, la telaraña estará completa y lista para pegajosear a todo insecto que se la lleve puesta y habrá un mosquito menos atentando contra la humanidad. ¡Uff, lo necesitaba!

2 comentarios:

La blonda normanda dijo...

Jajaja. No podía ser mejor tu comienzo. ¡Bienvenida!

Anónimo dijo...

¡Que notable! y si tènes razòn: !sos genial¡. Muy copado este blog!. Saludos.

-Wonka-