domingo, 10 de mayo de 2009

No puedo renegar de lo que fue.

No hay nada más estúpido, nada más anodino, que verter en el pasado algún poder de influencia en el presente y menos aun en el futuro, tan incierto, tan soluble y poco concebible que se me escapa a mí entender tal figura.

Entonces, quizás el paso esté entre esas dos certezas que tengo. No hay olvido, tampoco estigma ni destino.

Oscilar entre lo que fue y lo que es, como un tanguero, alabar el pasado o destronarlo para mandarlo al mismo infierno, descreer de este presente, manejarlo a mi antojo, y según mis pulsiones, y cuando pueda sacar algo en concreto. Que no será un pensamiento, ni será recordado, sino la lágrima pudiente, y la sonrisa impoluta.

Tengo el poder, como así cualquiera lo tiene, de detener el recuerdo en tal lugar, en el ya acometido espacio y solo eso. O puedo perpetrarlo por siempre, para darle calidad de presente continuo y nunca dejarlo ir.

Las cosas sin fines, las cosas eternas, se vuelven terribles por la calidad de mediocre. Algo sostenido sin fin evidente, una línea eterna hacia no se sabe donde, se desprende de lo cuantificable, se vuelve misterio, y de tanto trascender, aburre al ingenio, que no tolera el tedio y pierde sentido.

Es entonces, que quiero fin. A todo lo sucedido, y lo que devenga de mis acciones o sentimientos. Todo con fin, así el comienzo sea borroso, el fin ha de ser concreto y espantoso.

Creo ver, que todo está entre el cielo-cargado de nubes o etéreo- y la tierra que piso. Y no debe ser más complejo que eso. Porque el pensamiento del intelectual lleva todo siempre un poco mas allá, creando a su paso y de la nada huecos de aire, vorágines, que llevan a un desencadenar de pensamientos que jamás terminarán en nada.

Me corrijo, puede terminar en una genialidad terrible, o como casi siempre, en locura.

Hasta que punto, uno puede enaltecer tanto la mente, y en tal camino dañar el cuerpo o al alma. Cuanto uno arriesga, por lo que cree es lo más loable del ser.

Uno es por todo, no sólo por la individualidad de sus partes…que tan mal han sido delimitadas. De manera tan absurda se superponen en pos de vencer una sobre la otra, de someter una a la otra, y todo eso en detracción de la unidad.

Yo no puedo desglosarme. Yo sufro o soy feliz en mi todo.

Y sólo ahí, es donde acepto la vida.

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