martes, 19 de enero de 2010

Quizás

Quizás sea tu último suspiro
Quizás truenen las hojas con su vahído
Tal vez se abra el cielo ya raído
Y el alma que te contiene se expanda en aullidos.

Quizás la tierra te moje las manos
Quizás te tires de bruces a lo mundano
Tal vez requieras de ciertos embrujos
Y la razón que te aqueja se vuelva cual humo.

Quizás ya nada importe mañana
Quizás seas el sol de la ventana
Tal vez estés cansado de estar triste
Y la vejez, que te viste en estridencia te envista

Para decirte que hay un mañana
Tras las confusas situaciones de la nada
Entre nebulosas de misceláneas
Y cantaros agrestes de cal amargo

Y si la rima ya se ha perdido
No te afijas, esta en los cálculos
Lo que no se calcula nos sorprende
Y los colores temibles nos deslumbran

Para decirnos cosas a la cara
Para cantarnos una ultima elegía
Quizás sea tu último suspiro
Quizás truenen las hojas con su vahído.

jueves, 14 de enero de 2010

Pedidos

Muestralo todo
cuanto tuviste entre tus manos
los dedos yertos en un rasguño
la uña tiesa tras los segundos

Muestralo todo
mientras te aguardo
helada la sangre
el vientre plano.

Calcula las horas
muerde los dias
y llora el minuto
en que sucumbio tu vida.

Tras las movidas
del cielorraso
lanza un alarido
a tu dios mas cercano

Y no me mientas
cuando pregunte que hiciste
tras los alamos secos y tristes
veras caer la lluvia que viste

de blanco etéreo
cual una rosa
silenciosa, celosa
cautelar y esposa.

Y si no lo haces
pues no declames
el cielo muta
cuando todo cae.

sábado, 2 de enero de 2010

sin título

Camine derechito, bien derecho entre las lonas que cuelgan a sus costados y recuerde bien la lista que le dieron. Retenga brevemente esos datos y luego, vuelva a mantener el equilibrio que venía teniendo. No se caiga o las patadas le van a llover.
Mire haciendo que no mira y adivine quienes lo están observando. Cuando tenga miedo, ahi cierre los ojos; esta acción repítala unas cuarenta veces.
Se dará cuenta que mientras esto le pasa y hace que pase hay otras cosas que suceden; pero usted sabe también que eso no importa, que lo que importa es usted. Por eso, deje que ellos se preocupen por ellos; usted confórmese con no perder el equilibrio y recordar esos datos.
Seguramente, ahora nota una serie de adoquines. ¿Sabe quiénes los depositaron ahí? Los ingleses. ¿No me cree? O sea que si le digo que hace más de cien años, menos aún me va a creer. Si le sirve (comprendiendo el momento que está pasando) piense que los pusieron ahí sólo para que usted en algún momento los pisara.
Con ese jueguito estúpido que suelen plantearse las personas que conocemos perfectamente como lo es usted va a tener un poco más de seguridad en sí mismo. Por lo tanto, le vamos a poder decir con mi compañero qué es lo que hacer ahora que se planteó todo esto.
-Por supuesto que sí. Y sólo es el comienzo. ¿O cree que nosotros somos tan inexistentes como los ingleses? Siempre hay alguien que le arma el mundo; y usted lo mejor que pudo hacer es disfrutar de ello ignorantemente; pero usted insistió largo y tendido y hurgó cuantos recovecos encontró y al final su estupidez le dio cabida a la pérdida de la ignorancia que lo hacía feliz.
Como usted adivinará, ahora va a tener que seguir los pasos sabiendo a dónde llevan. Y no ponga esa cara. (...). No, no sea idiota, no piense que estamos detrás de las lonas. Hay métodos mejores y no hablo de ningún panóptico. Usted sabe perfectamente a qué me refiero. ¿O perdió en la memoria aquéllo que pensaba cuando era chico? ¿Lo recuerda? Esas mismas lonas, esos mismos adoquines y esos mismos datos. Bueno, ahí los tiene. Seguramente recordará las patadas. De usted depende ahora. Camine derechito.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Nada de vuletas

Entre lobos y vampiros un camión de la alegría pide paz mundial.

Entre tanto, un grupo de gente vive de la naturaleza en la ilegalidad.

Un hombre con barbas y uñas mugrientas trata de regenerar la cultura que le consumió el cerebro.

Un tipo de bigote, camisa y zapatos marrones planea una fiesta familiar antes de la reunión que llevará a su institución a la caída democrática y el poder internacional.

Una mujer lava el piso, un ave cae en pleno vuelo, un niño se ríe con su abuelo.

Del otro lado del puente, repta una oruga y llora una flor.

Un chico toca la guitarra melancólica y grupo de jóvenes intelectuales planea llegar a la luna para salvar la economía.

Otro junte de chicos organiza medidas políticas ante la pérdida de la soberanía del pueblo.

Un tipo anda en patines a la conquista del mundo.

Una pareja planea un hijo, un perro ataca a su dueño, una planta se seca, una brisa nubla el día.

Una manada de jóvenes estudia, un numeral de individuos trabaja, otros pierden el empleo.

El café se enfría. Una chica se suicida, una chicharra grita y un elefante cae en la carrera.

Una pantalla se enciende, una joven mira atontada un monitor.

3 millones de canciones enaltecen el día, desova una tortuga, caza un león, germina una semilla, se extingue una llama. Un tipo flaco ceba mate a una chica alta.

Se forma una ola, se escucha un piropo, se hace silencio, frena un taxi.

Un hombre trata de mantener a su familia, un hombre trata de mantenerse.

Un hombre se cae, se levanta, sonríe, recuerda su última publicación.

Una pala se clava en la tierra. Una mujer guarda en un cajón su vida completa en un papel.

Una criatura se espanta. Una joven se debate su carrera frente a un libro. Un joven, un amor.

Se ensucia una hoja, se cierra una puerta. Se contamina un río, nada un pez, duerme un gato. Escribe.

viernes, 25 de septiembre de 2009

De las observaciones sobre Cañuelas podemos inferir que Lorenzo no era una casualidad. Desde su infancia tuvo rasgos parecidos a los de aquél que murió por una causa que nunca fue noble y que la historia cambió para conseguir un melodrama.
Sabía que su barrio no era el peor de todos pero influido por los suicidios colectivos quiso parecerse a lo que su padre había descripto como “el loco”. El sol era un estímulo casi inevitable en cada atardecer para los que deseaban explorar las sombras y él también sabía esto, por lo que cada vez que podía iba a mirarlo sobre el puente ferroviario.
Pensaba tal vez que desde allí la vida heroica le daba múltiples opciones y que no había manera de elegir sin desdeñar algo mejor. La angustia que le provocaba esto la camuflaba en sus días de trabajo dentro de la repartición pública, en la que escuchaba a Mariela, a Javier, a Graciela y a Martín contar las peripecias de la vida común de la gente común.
Sabía que el puente y las oficinas burócratas se parecían.
Cierta vez, al salir del trabajo y al dirigirse a la parada del colectivo se encontró con la que había amado. “Hola” le dijo ella. El fingió no conocerla y huyó en el 160.
Sabía que la amada no concretada era una incitación al puente, a la jubilación y a las ruedas del ómnibus.
Llegó a su destino y descendió.
Compró cigarrillos en el quiosco y charló con una vecina. Luego, entró al edificio.
Ya habiendo cenado y estando en una silla dentro de la cocina, fumaba mientras leía su última adquisición que relataba hechos notables del siglo xii.
De alguna forma, se sintió mejor al reinventar la realidad y pensó que eso era el puente, la oficina, la amada y el 160 en un momento intangible.
Por cierto, no lo hirió saberlo.

jueves, 27 de agosto de 2009

Gala por Salvador

Llamo a mi esposa: Gala, Galuchka, Gradiva (porque ha sido mi Gradiva); Oliva (por el óvalo de su rostro y el color de su piel); Oliveta, diminutivo catalán de oliva (aceituna); y sus delirantes derivados: Oliueta, Oriueta, Buribeta, Buriueteta, Suliueta, Solibubuleta, Oliburibuleta, Ciueta, Liueta. También la llamo Lionette, porque ruge, cuando se enoja, como el león de la Metro-Goldwyn-Mayer; Ardilla, Tapir, Pequeño Negus (porque se parece a un animado animalito selvático); Abeja (porque descubre y me trae todas las esencias que se convierten en la miel de mi pensamiento en la atareada colmena de mi cerebro). Me trajo el raro libro de magia que debía nutrir mi magia, el documento histórico que probaba irrefutablemente mi tesis cuando estaba en proceso de elaboración, la imagen paranoica que mi subconsciente deseaba, la fotografía de una pintura desconocida destinada a revelar un nuevo enigma estético, el consejo que iba a salvar del romanticismo una de mis imágenes demasiado subjetivas. También llamo a Gala Noisette Poilue-Avellana Vellosa (a causa del finísimo vello que cubre la avellana de sus mejillas); y también «campana de piel» (porque lee para mí en voz alta durante las largas sesiones de mi pintura, produciendo un murmullo como de campana de piel, gracias al cual aprendo todas las cosas que, sin ella, no llegaría a saber nunca).